Cómo la procrastinación hace que te enfermes (y cómo “curarte” de este hábito)

23881053670_906139bab2_z¿Cuántas veces te ha pasado que ante una tarea demasiado compleja o larga (o aburrida) tu primera reacción sea posponerla para mañana y luego para pasado mañana… y así sucesivamente?

Yo sé que por lo menos a mí me ha pasado más de una vez (¡incluso este post es un buen ejemplo de ello ya que llevaba varias semanas en estado de borrador!).

Lo que muchos no saben es que, dada su naturaleza conductual, la Procrastinación es un hábito que se puede modificar si se aplican los principios que gobiernan la conducta.

El Demonio de dejar todo para después

La Procrastinación suele tener consecuencias MUY negativas:

  • Atrasos y entrega de los proyectos fuera de plazo.
  • Pérdida de credibilidad ante jefes y profesores.
  • Estrés y angustia que aumentan a medida que el tiempo transcurre y no hay avance alguno.
  • Malas notas y peores evaluaciones de desempeño.
  • Oportunidades perdidas.
  • Y un laaaaaargo etcétera…

Tal vez porque el mundo moderno nos bombardea con innumerables estímulos, distracciones, ofertas de último minuto y microdecisiones (¿debo comprar esas cerezas orgánicas, debo probar esa nueva técnica de masaje bioenergético tailandés?), nunca habíamos estado tan conscientes de la existencia de la procrastinación. No es que saber que existe nos ayude mucho, no al menos según su creciente aparición en los medios y en la literatura médica, y es que tal vez saber que estamos procrastinando es una de las causas que contribuye a seguir procrastinando, en una especie de parálisis por el análisis.

Procrastinar evidentemente afecta nuestra productividad, pero eso quizás sea lo de menos, ya que estudios recientes muestran que también afecta nuestra salud, al crear una atmósfera de microtensión permanente que pende sobre nuestra cotidianidad. Según el doctor Joseph Ferrari de la Universidad DePaul, los procrastinadores no sólo tienen niveles más bajos de autoestima, tienen más problemas para mantener relaciones estables y más problemas para autorregularse, también se enferman más. “La investigación del sector salud muestra que se enferman más. Tienen más dolores de cabeza y problemas gastrointestinales”.

Ferrari atribuye esta patologización al silencioso enemigo del hombre moderno: el estrés. “Es la preocupación la que causa daño. Así que tenemos implicaciones de salud, implicaciones sociales e implicaciones personales”. En otras palabras, la procrastinación es una espiral integral decadente que poco a poco horada tu vida. Suena terrible, pero, ¿es suficiente para motivarte a hacer lo que tienes que hacer?

El problema de la procrastinación evidentemente es que ejerce una presión psíquica más o menos permanente sobre un individuo y minuciosamente crea una fuga de la voluntad, lo que acaba formando una imagen personal bastante negativa y desempoderada, una especie de autoabandono. La función biológica del estrés es combatir una amenaza aguda que requiere de una respuesta contundente inmediata: el caso que se cita comúnmente es el de encontrarse con un depredador y huir (o luchar) para salvar la vida. Esto evidentemente no suele ocurrir muy seguido en la vida moderna y, sin embargo, el estrés parece ser una presencia ubicua en nuestra civilización (hemos tenido que inventar fantasmagóricos depredadores para llenar el vacío o el exceso de tiempo sin saber qué hacer).

Al sentir estrés el organismo se inunda de hormonas como el cortisol y la adrenalina, que pueden ser inflamatorias y en general sumamente desgastantes para el sistema inmune cuando se producen crónicamente. La procrastinación –en el sentido de que sentimos una presión constante de hacer algo, la cual, aunque no le damos demasiada importancia, no eliminamos del todo– nos coloca en un estado casi permanente de tensión, hasta que finalmente hacemos lo que tenemos que hacer… y decapitamos al tigre invisible (o aplacamos a ese insidioso daemon).

La procrastinación o el aplazamiento de pendientes nos es familiar a todos. A continuación  cinco estrategias simples sugeridas por la ciencia para mantenerte enfocado.

1. Haz una sola cosa

Una de las principales causas de la procrastinación es que las tareas grandes parecen abrumadoras. Para evitar esto, divide las tareas grandes en partes más pequeñas y manejables, y concéntrate en una a la vez.

Tal como escribió Gary Keller en su libro The One Thing (La única cosa): aquellos que se concentran en una sola cosa son quienes avanzan en este mundo. Si queremos evitar sentirnos abrumados, debemos dividir nuestros objetivos y proyectos. Sin importar qué tan grande sea un proyecto, éste siempre puede dividirse en partes más pequeñas que nos permitan comenzar a trabajar en una secuencia lógica.

2. Fija plazos

Los plazos, ya sean autoimpuestos o establecidos por clientes o socios, nos comprometen a finalizar las tareas. Una meta fija siempre hace que el trabajo sea más fácil de terminar. Cuando no tenemos una fecha de entrega definida, las tareas suelen ser menos concretas en nuestras mentes. Esta falta de claridad es una gran aliada de la distracción.

Para los creativos y emprendedores, los plazos suelen tener una connotación negativa. Muchos incluso los evitan a toda costa. Sin embargo, nada puede ser peor que evadirlos. “La inspiración más grande es una fecha límite”, explica Nolan Bushnell, fundador de Atari Corporation y de Chuck E. Cheese Pizza.

3. “Terminado” es mejor que “perfecto”

Buscar la perfección ha significado la muerte de muchas ideas brillantes, libros, productos y negocios. Es fundamental que nos esforcemos siempre por dar lo mejor, pero como emprendedores, también debemos entregar resultados. Trabaja para terminar 80 por ciento de tus tareas, y después esfuérzate en mejorarlas.

Entre más tiempo miremos una página en blanco o una pizarra, más difícil será aterrizar una tarea en nuestra mente. Entre más tiempo nos tardemos en comenzar, nuestro diálogo interno nos boicoteará con mayor fuerza. Y, si esto sucede, será más difícil completar una tarea.

4. Toma un paseo sin pensar

Esto puede parecer contraproducente, pero está demostrado que dejar de darle vueltas a un asunto puede ayudar a completarlo más rápido. Según numerosos estudios, las personas tienden a desempeñarse mejor mentalmente después de realizar ejercicio ligero. Sin embargo, estos beneficios tienden a disminuir cuando la actividad es intensa.

A veces, lo más productivo que puedes hacer es dejar tu escritorio, salir y simplemente caminar. Camina y deja que tu mente descanse sin pensar en los pendientes. Darle vueltas a una sola idea puede causar ansiedad y hacerte sentir agobiado. Por el contrario, tomar un descanso te permitirá romper el círculo vicioso de la procrastinación y acercarte a tus metas. El simple acto de caminar sin pensar le permitirá a tu mente subconsciente procesar las ideas claramente.

5. Ponte a trabajar

Stephen King es uno de los autores más exitosos de nuestro tiempo, y también uno de los que más trabaja. Dice: “los aficionados se sientan y esperan a que les llegue la inspiración; el resto de nosotros, simplemente nos levantamos y vamos a trabajar”.

Sin importar cuántos consejos, trucos o tips encuentres para superar la procrastinación, todos ellos terminarán cuando te sientes y te dispongas a terminar tu trabajo.

¿Estás listo para dar el primer paso?

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